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Concilio de las aguas
(fragmentos)
I
(Las trágicas señales)
Rumbo al San Juan mis ojos son eternos; siguen las turbias aguas del despojo.
Algo se hunde y no encuentra una tabla. No digan que el San Juan es un destierro. No quiero oír esos disturbios, esas bufonadas. No quiero ver sus polvos formando una viscosa penumbra en los recodos. No digan que el San Juan es un destierro. Los ríos sólo cuentan el despacio huir de su leyenda. El San Juan sólo puede reproducir la imagen ingenua de las tejas. humedecer el corazón abierto del madero que alumbra las tablas, en días de fundar y amordazar el polvo de las piedras ungiendo el armonioso crujido de las aguas.
II
(Una contracorriente)
Creo en los ríos, creo en sus lealtades. Se amoldarán las aguas a otros cauces para la luz de trigo o la calma del fuego, para animar la fiesta del sediento.
Pero hay los que van de orilla a orilla pregonando los límites, la estrechez de los márgenes, el tedio.
Los ríos necesitan una contracorriente, las crecidas, nadadores que burlen el silencio con que aceptamos la defunción común.
III
(Entre dos ríos)
Yo vivo entre dos aguas, toda mi tierra insomne entre dos ríos que dan a un mismo mar, a un mismo manto.
Pasa el San Juan, sigue pasando; es una calle más y está pasando, detiene la ciudad, lava su rostro. Entre sus ruinas viven sus peces de cristal que son el corazón de sus amantes. El San Juan es romántico y las piedras pueden romper el vidrio de los enamorados.
Viene del valle, el Yumurí lejano, llegando siempre, presto a las contiendas, como buen montaraz. Líquenes hay que bordan finamente sus rocas, lujosas armaduras que habrán de protegerle. Un instante de brillo en los postigos, la humedad en los puentes, su fugaz transparencia en la ribera; por la ciudad, apenas entrevisto, pasa raudo hacia el riesgo de los mares
V
(Donde mezclarse pueden)
Aguas que no son aguas. Anden prestos los hombres. Aguas que no son aguas van tomando la forma de las formas, acomodando toda su moldura.
Avidamente entran para cruzar los riscos, y hay oscuros niveles, subsuelos anegados, tiernos mantos donde pueden mezclarse como el silencio de las fuentes sin agua.
VII
(La eterna aparición)
No hay casa en la ribera. Toda su luz ha sido desvastada. No es un sueño pueril, no es un mal sueño.
Quieta el agua remansa. La noche en vilo teje su corteza. Impasibles los hombres buscan sus puertas, buscan. Las aguas van copiando un boceto frugal de su memoria, la albura dúctil de la casa, el barro.
Rumbo al San Juan mis ojos son eternos. Será eterna también la aparición que desdoblará el agua en sus espejos.
Este texto pertenece al libro de poemas "Concilio de las aguas" (Ediciones Matanzas, 1989). envio Jaguey- Las aguas de la isla. Selección Poética.Revista Mar Desnudo...
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